Presentación de estudio sobre movilidad social en América Latina

El viernes 17 de febrero se presentó en el salón de actos del IESA el libro “Y sin embargo se mueve: Estratificación social y movilidad intergeneracional de clase en América Latina” coordinado por los profesores Marcelo Boado y Patricio Solis. Marcelo Boado se desplazó hasta el centro para realizar una presentación ante los investigadores de la institución, que fue introducida por el profesor de investigación del IESA, Eduardo Moyano. El libro es producto de una investigación comparada sobre la movilidad social en Argentina, Brasil, Chile, Méjico y Perú en la primera década del siglo XXI. Los resultados de esta investigación, que incluyen una comparación con Europa, llegan a distintas conclusiones.
La primera conclusión es que los niveles generales de fluidez social para el
conjunto de los países de América Latina no difieren significativamente de los observados en los países europeos.
.
La segunda conclusión es que el grado de asociación neta entre orígenes y destinos de clase no es similar para todos los países de la región. Así, se observa que Argentina, Chile y México presentan la mayor rigidez, con una mayor asociación neta entre orígenes y destinos. Brasil se encuentra ligeramente por debajo de ellos, y Perú es el país que presenta los mayores niveles de fluidez social.

El análisis para América Latina sugiere que, de existir una asociación entre desigualdad distributiva y fluidez social, esta es muy débil, no parece existir, ni entre los países latinoamericanos ni en el contraste europeo-latinoamericano, una correlación sustantiva entre la desigualdad distributiva (en este caso la desigualdad de ingresos) y la fluidez social.

Parecería entonces que la explicación de los niveles relativamente altos de fluidez social de los países latinoamericanos, así como de las diferencias al interior de la región, no radica en las macro-teorías sociológicas predominantes en la investigación comparativa internacional sobre movilidad social. Es necesario por tanto explorar otras posibles explicaciones. Una posibilidad radica en las discrepancias en los entornos institucionales entre países, tanto en lo que concierne a los Estados de Bienestar a los sistemas educativos, y a las instituciones que regulan el ingreso, promoción y permanencia en el mercado de trabajo. Otra posible explicación serían las marcadas diferencias en los procesos de desarrollo económico, y en particular en el papel que ha jugado la transición rural-urbana en el pasado reciente de cada país. Como hemos visto, Perú y Brasil, las sociedades con mayores niveles de fluidez, son también las que han experimentado mayor movilidad estructural de las clases no agrícolas a agrícolas. Dado que la distancia jerárquica para la movilidad entre las clases agrícolas y no agrícolas es la mayor de entre todas las clases, el impulso estructural a este tipo de movilidad pudo haber servido como aliciente para el incremento de la fluidez social global en estos dos países. En cambio, en países como Argentina o Chile el peso relativo de la movilidad entre clases agrícolas y no agrícolas ha sido menor, por lo que el cambio en la estructura de clases contribuyó muy poco a incrementar las tasas de fluidez social.

Una tercera conclusión es que, a pesar de tener un nivel fluidez similar al de los países europeos, en América Latina se aprecia el predominio de un patrón de fluidez más jerárquico, es decir, un patrón en que la frecuencia relativa de la movilidad social entre las clases se rige fundamentalmente por las distancias sociales existentes entre ellas. Más aún, el patrón jerárquico presenta rasgos sui generis en América Latina con respecto a las sociedades europeas.

Primero, existe una distancia jerárquica mucho más amplia entre las clases agrícolas y el resto de las clases. Segundo, se observa una menor distancia jerárquica entre la clase de trabajadores manuales calificados y semi-calificados (V+VI) y la de trabajadores independientes no agrícolas (IVa+b), que revela la existencia de alta movilidad entre el trabajo asalariado y el trabajo por cuenta propia dentro de las actividades manuales calificadas, producto, quizás, de la presencia de un sector informal más dinámico en América Latina. Por último, las clases no manuales presentan una mayor distancia jerárquica con respecto al resto de las clases, lo que revela la existencia de mayores barreras para el acceso a la cumbre de la estratificación social.

En síntesis, estos rasgos nos sugieren que, a pesar de que en promedio el nivel de fluidez social es similar en América Latina y los países europeos, el patrón de fluidez es sustantivamente diferente, ya que se caracteriza por el predominio de rasgos jerárquicos, por una mayor movilidad relativa en las clases “intermedias” de la estructura social, y una mayor polarización y aislamiento social de las clases ubicadas en la parte baja y alta de lajerarquía social.

La cuarta conclusión concierne al análisis comparativo de la fluidez social entre varones y mujeres. Los resultados revelan que, a pesar de que las mujeres presentan mayor selectividad que los varones dada su menor participación laboral, los niveles de fluidez en la movilidad intergeneracional de clase son similares para ambos sexos en cuatro de los cinco países estudiados (Perú fue excluido del análisis debido a restricciones de los datos). Este resultado contrasta con los indicadores de movilidad absoluta, que en todos los países muestran mayores tasas de movilidad para las mujeres, debido al sello particular que imprime la segregación ocupacional por género en la inserción de clase de las mujeres.

La excepción es México, en donde la asociación entre orígenes y destinos de clase es menor para las mujeres que para los varones. No es claro, a partir de los datos que poseemos actualmente, si esto debe interpretarse como un hecho positivo para las mujeres (están menos atadas a sus orígenes de clase que los varones), o bien como un indicador de una mayor segregación de roles de género, pues una menor asociación neta entre orígenes y destinos también puede deberse a una mayor selectividad de la población femenina que trabaja (lo que implica un contingente mayor de mujeres que no se incorporan al mercado de trabajo) o mayores dificultades de las hijas frente a los hijos para heredar recursos y posiciones sociales privilegiadas.

Para enriquecer el análisis es importante destacar que la “muestra” de países latinoamericanos que conforman los capítulos monográficos comparte rasgos histórico-estructurales comunes –por ejemplo la adherencia al modelo económico sustitutivo de importaciones, seguida por una profunda crisis y reorientación hacia la apertura económica y comercial–, pero también características específicas que parecen haberse acentuado en las últimas décadas. Así, por ejemplo, existe una clara diferenciación entre México y los países del Cono Sur en términos de su integración a bloques económicos regionales y a la economía global. Al mismo
tiempo, mientras Chile y México han mantenido una orientación política de corte neoliberal, con mucho más éxito para Chile en términos de crecimiento económico, Brasil y Argentina han tenido un viraje hacia gobiernos de “nueva izquierda”, que hacen mayor énfasis en el crecimiento de los mercados interno y el fortalecimiento del Estado de Bienestar. Por su parte, el caso de Perú es paradigmático de las condiciones existentes en una franja muy amplia de países de América Latina rara vez incluida en los análisis comparativos de estratificación social, que no presentan los niveles de industrialización y urbanización observados en los cuatro otros países y han experimentado transformaciones estructurales recientes de gran envergadura. En este sentido, los estudios nacionales, más que representar nombres propios, constituyen verdaderos ejemplos de la especificidad de contextos históricos y realidades económicas y sociales nacionales, que imponen un sello específico a los patrones de estratificación y
movilidad de clase.

Marcelo Boado (1961, Montevideo, Uruguay), es Doctor en Sociología por el Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro (IUPERJ) de la Universidad Cándido Méndes de Rio de Janeiro. Desde 1985 es docente en la Universidad de la República (Udelar). Es Profesor Titular e Investigador con Dedicación Total del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS). Enseña sobre estructura social del Uruguay, deserción estudiantil, desigualdad y movilidad social, y modelos loglineares, en la Licenciatura, en la Maestría y el Doctorado de Sociología. Fue Director del Departamento de Sociología de 2013 a 2016. Coordinó desde 2010 a 2013 el Doctorado de Sociología; y la Maestría de Sociología desde 2003 a 2010. Desde 2016 coordina la Maestría en Sociología y Métodos Avanzados de Investigación.
Es investigador en el Sistema Nacional de Investigadores de nivel II, de la Agencia Nacional de Innovación e Investigación (ANII) de Uruguay.
Es miembro de INCASI, la Red Internacional para el Análisis Comparado de las Desigualdades Sociales, con sede en Universidad Autónoma de Barcelona, que financia su actual estadía en España.
Sus libros más recientes son: “Y sin embargo se mueve. Movilidad social comparada en América Latina” (2016); “La deserción estudiantil universitaria en Udelar 1999-2007” (2011); “Trayectorias académicas y laborales en los jóvenes uruguayos. El caso de del panel PISA 2003-2007” (2010); “Movilidad social en el Uruguay contemporáneo” (2009).

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.